08 noviembre, 2006

Yo también soy Petita



Hoy he leido una historia sobre una elefanta.

Se llama
Petita. Y es muy chica, aunque para ser elefanta. Porque yo creo que para mi seguiría siendo grande.

Por lo visto es algo feilla para su especie. Aunque la verdad es que los elefantes no son precisamente guapos de cara... Asi que imaginaos como tiene que ser la pobre. Por lo visto los elefantes de su barrio no solo pasan de ella, sino que si pueden hasta le dan un cosqui cuando la ven. Me da un poco de pena...

Yo la entiendo. Porque con la edad que tengo (cumpliré 2 años dentro de un mes y pico) aun no me he comío na. Nunca he querido contarlo por vergüenza. Pero hoy lo de petita me ha llegao...
Hace unos meses me trajeron a una perrita a casa. Decía Iván que ya era tiempo de que tuviera nuevas experiencias y vaya si las tuve...

Nada más sonar el telefonillo noté en el aire un olor que me puso como loco. A medida que oía los pasos por la escalera empezaba a tener ganas de dar volteretas... Pero Iván me contenía. "Tranquilo, gordo", me decía por lo bajini...

Cuando sonó el timbre de casa yo estaba sentao frente a la puerta, con la lengua me llegaba a los pie y con los ojos vuerto. Y el Iván abrió la puerta.

No hubo tiempo para las presentaciones. La perrita se me quedó mirando con la boca abierta justo hasta que me abalancé a por ella. La pobre entró en casa como pudo porque la dueña ya estaba dentro. Pero se refugió entre sus piernas y me miraba ladrándome indignadísima.

Iván no me quitaba la zarpa de encima, así que no pude hacer otra cosa que babear y proferir ruidos guturales que hacia que la perra me ladrara más a la vez que se escurría más tras su ama. Por fin conseguí escaparme y fui tras ella para declararle mi amor. Pero salió huyendo sin parar de ladrar.

Mientras corriamos los dos alrededor de la mesa del salón Iván no paraba de darle explicaciones a la dueña. La perrita de vez en cuando si que paraba a tomar aire y a esconderse, pero ni así paraba de ladrarme...

Al final, le pusieron de nuevo su collar a la perrita y ambas se marcharon. Iván me miraba con cara como de poema.

Mientras él se fue a seguir con sus cosas, yo no podía despegar los hocicos de la raja de la puerta. "La única que vas a oler como sigas así", me dijo.

Creo que se llamaba Kyara. Aunque su olor si que lo recuerdo con claridad.

En fin, Petita... Yo también se lo que es sentirse despreciado. Pero tu no te agobies que vales un montón, quizá un día podamos conocernos y contarnos nuestras penas. Te mando una foto...



A mi me gusta mucho el salto de pértiga. Y a ti?